Un coruñés opina sobre las diferencias entre España y nuestra isla

“Ver generaciones completas dependiendo del gobierno, que no quieren salir a trabajar, que no quieren independizarse, a mí no me gusta. Sé que es lo fácil. ´Me dan mis chavos, me pagan mi casa, mi Internet y no hago nada´, pero eso no es vida. Uno tiene que tener un orgullo personal para salir adelante y llevar adelante a su país”, reflexionó José Calvete, un inmigrante español que vive en Puerto Rico hace casi seis años.

Y es que, a pesar del tiempo que lleva como residente en la isla, aún no puede entender la cultura de trabajo (o de no trabajo) que impera. Se cuestiona cómo es posible que en una isla 100×35 el pescado y los mariscos frescos sean tan difíciles de conseguir y se comercien a un precio tan poco accesible.

En La Coruña, su ciudad natal (localizada en la costa noroeste de Galicia, España), podía ir al mercado todos los días y ver cómo los pulpos aún se movían con un simple toque. “La gente (en La Coruña) se levanta a las tres o cuatro de la mañana para ir a pescar, para vender y tener chavos para vivir ese día”, contó Calvete, quien proviene de una familia de agricultores.

Otro hábito al que todavía no se ha acostumbrado es a las usuales tardanzas de los boricuas, pues no han sido pocas las veces que ha tenido que esperar hasta una hora para efectuar una reunión acordada. “Al principio, me parecía una falta de respeto y todo, hasta que la gente me dice: ´No chico, pero si el problema eres tú, que llegas antes de tiempo´”, contó el hombre, quien trabajaba en una compañía de seguros suiza en España, donde la puntualidad era una característica primordial.

Sí, la manera de ver el mundo es distinta en Puerto Rico y La Coruña, pero Calvete asegura que vive encantado de la isla y no prevé volver a su tierra natal, aunque extraña a su madre, a quien visita al menos una vez al año y con quien habla todos los días.

Pero, ¿cómo llegó a Puerto Rico? Su esposa es puertorriqueña y, luego de vivir unos años en España, quiso volver a casa. Inicialmente, Calvete tenía la preocupación de empezar una vida en un país ajeno, sin su familia, sin sus amigos y sin un trabajo definido, pero decidió complacer a su esposa y no se arrepiente. Naturalmente, ya había venido antes de vacaciones. De hecho, tiene grabado en la mente su primer viaje.

“Mi primera visita fue, literalmente, un shock. […] Llego a Río Piedras (donde estudiaba su entonces novia) y todas las compañeras de ella empezaron a cocinar, a preparar mil cosas. Yo no tenía hambre, estaba cansado, y lo primero que me ponen delante es un mofongo. Claro que para vosotros lo conocéis, lo coméis, no te digo a diario, pero una semana sí y otra no. ¡Pero es que en España eso no se come! Y a mí me ponen algo con un nombre tan extraño y yo me quedo como que: ´¿Es en serio?´”, narró Calvete sonriente, para luego aceptar que el plato lo hizo cambiar de opinión.

De hecho, compartió que la comida boricua no es tan distinta a la española, pues el arroz, el pollo y las papas, por ejemplo, son ingredientes importantes en ambas cocinas. El clima, sin embargo, sí representa una diferencia abismal, pues la temperatura en el norte de España es mucho más baja que en Puerto Rico casi todo el año. Además, puede pasar una semana sin que pare de llover. “No es como en Puerto Rico, que llueve una hora o dos horas y ya todo el mundo se está jalando los pelos”, bromeó Calvete con su acento particular.

Precisamente, su acento es algo que da de qué hablar entre los puertorriqueños, aunque él piensa que el de nosotros es mucho más “cariñoso y agradable”. Al parecer, los isleños ven a España como la tierra de virtudes, pues Calvete asegura que son muchos quienes todavía se refieren a su país como “la madre patria”. Estas palabras le provocan sentimientos encontrados, pues asegura que “en España, ese sentido de nacionalidad no lo hay. En España, tú hablas en determinadas zonas de que tú eres español y te sientes español, y te miran mal”, aseguró, para luego añadir que en su región son pocos quienes conocen el vínculo cultural e histórico que existió entre ambas tierras.

Y si se habla de coloniaje, Calvete tiene una opinión bien formada. Le parece inconcebible que, después de siglos bajo mandato externo, los puertorriqueños no decidan qué estatus prefieren para su país. “Nosotros estamos acostumbrados a que España es España y no depende de nadie más. Pero tratar de explicar que Puerto Rico es soberano, pero que a la misma vez depende de Estados Unidos, pero es que no pueden votar por el presidente de Estados Unidos, pero es que hay partes del gobierno que son federales… pero es que es una situación difícil de entender para los mismos puertorriqueños”, consideró Calvete, quien opta por el camino a la independencia.

Por otro lado, el ahora mayagüezano razona sobre la necesidad de fomentar el desarrollo de los cascos urbanos y el consumo en los comercios locales, en lugar de abarrotar los centros comerciales. Asimismo, estima pertinente reestructurar la forma en que se utilizan los pagos por contribuciones de la clase trabajadora, pues asegura que pagaría nuevamente los $4,000 al Departamento de Hacienda, sin reparos, si estos se usaran para asegurar servicios de salud, obras públicas y educación de calidad; pero pensar que se utilizan para mantener a quienes no trabajan le provoca malestar.

Escuchar a Calvete invita a la reflexión. Un inmigrante, que apenas lleva seis años en suelo boricua, muestra su preocupación por la situación política y económica de la isla que le ha provisto amigos, trabajo, buen clima, un nuevo reloj y pescado importado. ¿Y nosotros qué? Soñando con vacacionar en “ la madre patria”.

Semblanza redactada en 2016