Cierra los ojos, y escucha el ritmo de la bomba puertorriqueña en tu mente. Siente el retumbe de los tambores (o mejor dicho, barriles), e imagina las faldas de las bailadoras moviéndose con energía. No sé si sientes lo mismo que yo, pero la bomba irradia vida, alegría, vigor. Para mí, es imposible escucharla sin sentir que el corazón cambia un tanto su ritmo para unirse con la expresión musical de la historia puertorriqueña. Y es que la bomba es mucho más que música…

La bomba es historia y cultura

Si alguien puede ayudarnos a describir el impacto de este género folklórico en nuestra cultura es Ivelisse Díaz, mejor conocida como la “Bombera de Corazón”. Su familia participó en la fundación del Centro Cultural Segundo Ruiz Belvis, en Chicago, y desde los cinco años se ha dedicado a estudiar, practicar y enseñar la magia de la bomba puertorriqueña.

Antes de proseguir, entendamos que la bomba comenzó a desarrollarse hace más de 400 años, como una expresión espiritual y social entre los negros esclavos. Por supuesto, inicialmente esto fue prohibido por los españoles, ya que la bomba no solo servía como entretenimiento y punto de encuentro, sino también como herramienta para la planificación de rebeliones. Fue así como se convirtió en un método de conservación histórica, que utiliza la canción para registrar emociones y sucesos.

Con esto en mente, podemos entender cómo practicar la bomba en el presente implica un enlace con nuestras raíces, una manera de conectarse y rendir tributo a los esclavos que labraron el Puerto Rico que hoy conocemos. Ivelisse acepta que todavía está en un proceso de entender y aceptar esa historia negra, con todo lo trágico que esto implica.

“Hay mucho de nuestra historia que duele un montón. Uno está liberando generaciones de hace cinco generaciones atrás. Somos páginas de un libro que cuenta la historia de Puerto Rico, y por eso es bien importante que nosotros creemos espacios donde podamos escuchar y usar nuestras voces”, expresa Ivelisse, creadora de la Escuelita Bombera de Corazón en el 2009, espacio que busca enseñar y preservar los elementos fundamentales de este género autóctono.

Y aunque ninguno de los bomberos de hoy día estuvo cuando este género nació, su Escuelita cuenta con maestros que han practicado la bomba toda su vida, y que, juntos, pueden dar una perspectiva más clara de lo que representa y simboliza esta música para nuestra patria. Es así como se hace cultura en el presente, a base de lo ocurrido en el pasado, para poder conservarla y compartirla en el futuro.

La bomba es energía

“La bomba es lo más sabroso que tiene nuestra patria. Es nuestro ombligo a nuestro ancestros. Es nuestra conexión a la historia que duele aceptar, pero que es parte de lo que somos como personas, como puertorriqueños. La bomba sí es música, pero la bomba es un movimiento, es una herramienta para entender nuestra historia”, dice Ivelisse.

Y es precisamente la energía de la bomba lo que la ha cautivado todos estos años. “Desde que me pusieron esa falda de bomba, nunca me la he quitado. Es lo que me da vida y es lo que me encanta. Es un estilo de vida, es parte de mi vida, no es una actividad”, asegura con su sonrisa risueña y una pasión que resulta evidente.

Compartir esa buena vibra es parte fundamental de su Escuelita y de las actividades que coordina en Estados Unidos y Puerto Rico. La maestra, bailadora y cantante asegura que cuando la gente experimenta la bomba por vez primera, se da cuenta de que más allá de un baile, es una expresión de liberación, sanación y educación, que van desarrollándose conforme se sigue conociendo el trasfondo de este ritmo.

Por supuesto, cuando algo se vive con tanto entusiasmo, uno quiere compartirlo con el mundo, y la pandemia, a pesar de los retos, le permitió a Ivelisse alcanzar nuevos públicos a través de plataformas virtuales. Uno de los programas desarrollados fue Bomba sin fronteras, una colaboración entre ella y la tijuanense Lazarén Hernández. Bajo esta iniciativa, hay un grupo de mexicanas aprendiendo nuestra bomba, gracias al compromiso de difundir y preservar este género.

Ivelisse, por su parte, ha viajado a lugares como California, Texas, Nueva Jersey, Nueva York y África, y está próxima a visitar España para continuar compartiendo nuestro legado en otras partes del mundo.

La bomba es resistencia

Como hemos mencionado ya, la bomba tiene una raíz negra innegable. Puede parecer simplemente música rítmica, pero servía de punto de encuentro en los bateys de las plantaciones, donde los esclavizados se reunían para, entre otras cosas, planificar sus rebeliones contra los colonizadores europeos. En su propósito mismo estaba la justicia. Por tanto, preservar esa parte de nuestro pasado, que por muchos es ignorada, representa ya una demanda social.

“Sigue siendo un acto político presentar la bomba. Por eso es que el movimiento todavía existe. Esto es música de resistencia. Todavía nosotros estamos acá afuera tratando de alinear nuestras historia”, dice Ivelisse, resaltando la importancia de plasmar la historia desde la perspectiva del que la vive, y no desde el que la impone.

Para la joven, quien también es cofundadora y vocalista del grupo Bomba con Buya, el racismo, que aún no se reconoce en Puerto Rico, provoca que las influencias blancas y taínas de nuestra cultura se resalten por encima de la negra. Por lo cual, es importante para ella visibilizar la negritud de la bomba, y romper las barreras raciales que aún rondan esta música, para que su valor histórico sea reconocido por todos.

“No se puede diluir el mensaje, debe ser un mensaje claro y contundente a favor de la cultura y comunidad negra”.

La bomba es inclusión 

La bomba nació de nuestros esclavos negros, pero es tesoro para todos los puertorriqueños, sin importar el color de piel. La bomba es inclusión racial.

La bomba, cada vez más, comparte el protagonismo entre hombres y mujeres, expresándose estas últimas no solo bailadoras, sino como instructoras y tocadoras. La bomba es inclusión de género.

La bomba debe mantenerse viva por las nuevas generaciones, tomándose de la mano con los mayores que ayudan a conservar sus fundamentos. La bomba es inclusión de toda la comunidad.

La bomba se vive y desarrolla en Puerto Rico, y también entre la diáspora, ocupando un lugar especial incluso entre no puertorriqueños. La bomba es una herramienta para la inclusión social.

La bomba se puede disfrutar aún sin saber tocarla y bailarla. Con solo escucharla, conocer su historia y respetarla, puedes ser parte de ella. La bomba es de todos y para todos.

El futuro de la bomba puertorriqueña

“¡Bello, creciendo y empoderando!” Así ve Ivelisse el futuro de la bomba puertorriqueña. Ve nuestra música difundiéndose en espacios en que nunca se ha hablado de ella, “tumbando todas las paredes que nos quitan y nos dividen”.

Por su parte, continuará las clases presenciales y virtuales, enfocadas en percusión, historia y canción, y por supuesto, baile. Seguirá llevando bomba a otros estados, países y continentes, y continuará ofreciendo talleres. Todo con el propósito de preservar la bomba entre nuevas generaciones, pero siempre con la asistencia de los veteranos mayores, quienes aseguran cuidar la esencia y autenticidad de nuestros ritmos.

Y si algo queda claro es que la bomba es mucho más que música… ¡La bomba es revolución!