Cierra los ojos, y escucha el ritmo de la bomba puertorriqueña en tu mente. Siente el retumbe de los tambores (o mejor dicho, barriles), e imagina las faldas de las bailadoras moviéndose con energía. No sé si sientes lo mismo que yo, pero la bomba irradia vida, alegría, vigor. Para mí, es imposible escucharla sin sentir que el corazón cambia un tanto su ritmo para unirse con la expresión musical de la historia puertorriqueña. Y es que la bomba es mucho más que música…

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