Su disciplina y enfoque en el futuro fueron claves para superar lo vivido
-¿Y ahora, qué tú vas a hacer? ¡Estás solo!
-Contra, no te guilles. No hagas este abuso.
Dos disparos le siguieron a esa breve conversación que Armando tiene grabada en su memoria. Mataron a su vecino mientras él veía la escena, incrédulo, desde las escaleras de su casa en una urbanización de Mayagüez. Para ese entonces, tenía 18 años, y aunque la violencia era parte de su entorno cotidiano, ver cómo asesinaban a una persona querida le marcó la vida.
No fue la única muerte violenta que presenció. Un gran amigo de su infancia mató a otro residente del sector con seis balazos. “Pero antes de hacer eso, nos advierte: ´Quiero que se muevan de aquí porque voy a hacer esto, y no quiero que se me safe un tiro (y le dé) a uno de ustedes´”, recordó el joven, que hoy tiene 25 años.
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