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Vidas comunes

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Vidas comunes

Entrevistas

Lucha de dos corazones por una misma vida

La experiencia de ser madre después de los 40 y tener una niña con Síndrome de Down

La vida de una llegó para cambiar la existencia de la otra. Desde ese instante en que Yolyan comenzó a crecer en el vientre de su madre, comenzó a crearse un vínculo con el ingrediente clave del amor. Hoy, siete años después del alumbramiento, donde se ve a mamá, está hija, pues la fortuna de ambas depende de sentir el bienestar de la otra. El tiempo en que un cristal frío las separaba fue suficiente para que Yolanda esté segura que su felicidad depende de ver a su retoño feliz y, más importante, saludable.

Yolanda era una mujer de carácter fuerte que nunca tuvo como prioridad ser mamá. Se había jurado a sí misma no tener hijos si alcanzaba los 35 sin haber procreado. Pero cumplió las cuatro décadas y despertó un sentimiento nuevo. “Me hacía falta algo, y entendía que era ser mamá”, dijo sonriente la mujer, recordando que la época de fiestas ya había pasado, y contaba con la madurez para tener parte de su corazón fuera de sí.

La ilusión se convirtió en dolor cuando ocurrió el primer aborto, pero no se dio por vencida; intentó otra vez. Llegó el segundo embarazo, y el tercero, pero no sobrevivían más de dos meses. Estaba convencida de que no sería madre. El continuar abortando pondría en riesgo su salud, por lo que, junto a su esposo, decidieron que él se haría una vasectomía. Y en medio de las diligencias, quedó embarazada por cuarta vez. La llama de la esperanza estaba encendida, pero las experiencias previas le hacían temer una cuarta pérdida. Pasó un mes, pasaron dos, pasaron siete, y el regalo tan soñado nació.

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Palero: Una puerta entre vivos y muertos

El Palo Mayombe es una religión basada en la comunicación e interacción con los muertos.

El olor de botánicas y el humo de su cigarro arropan el cuarto de consultas que utiliza Luis para recibir a sus clientes. Las decenas de figuras, representantes de santos católicos y orishas (dioses) de la religión que practica, decoran el lugar de manifestaciones espirituales. Luis, practicante del Palo Mayombe, posa sobre su pecho un caracol, pendiendo de un collar, y mantiene cerca cuatro trozos de la cáscara interior del coco, elementos fundamentales para la adivinación y comunicación con los muertos.

Sin un difunto no existe la religión del Palo Mayombe, nacida en la República del Congo, y cuyos dos pilares son la creencia en los poderes naturales y la veneración de los espíritus ancestrales. Por ello, resulta imperativo que un palero (“sacerdote” del Palo) tenga un Nganga dedicado al dios que funge como su padre.

Luis, por ejemplo, es hijo de Siete Rayos, equivalente a la Santa Bárbara del catolicismo, y de Madre Agua, ligada a la Virgen de Regla. En el Nganga, habita el muerto que guía las acciones del palero. Por tanto, se encuentran en el caldero los restos del fenecido y otros ingredientes como tierra, sangre animal y yerbas. Todo depende del orisha al que se dedique.

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Wing Chen Tam: Un chino en Puerto Rico

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El 2017, año del gallo en China, inició el 28 de enero. Imagen de: 2017chino.madrid.es

Más de ocho mil millas lo separan de Cantón, su provincia natal, localizada en el sur de China. Entre señas, palabras claves y lo que conoce del español, logra comunicarse con los puertorriqueños, pues aunque vive en la isla hace más de 30 años, habla muy poco el idioma hispano.

Wing Chen Tam es residente en Aguadilla y propietario de un restaurante de comida china, como muchos de sus paisanos que viven en Puerto Rico. La cantidad de trabajo que efectúa para que su negocio se mantenga a flote ocupa todo su tiempo, por lo que no queda mucho espacio para socializar con puertorriqueños que le ayuden a adquirir vocabulario español. No obstante, aceptó hablar un poco sobre su cultura y cómo ha logrado adaptarse a esta isla tan diferente a su país.

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El Ratoncito Pérez, Santa Claus y Jesucristo: Solo leyendas

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Imagen de: sickboyrents.blogspot.com

“Si hoy fuera el último día del mundo, y yo estuviera frente a ese dios, yo le diría: ´Vergüenza te debe dar que tú me permitiste tener la capacidad de leer esa Biblia que tú tanto inspiraste a unos cuantos a escribir, con tantas fallas que tiene, donde hay historias ridículas, estúpidas, morbosas, donde hasta cuentan que a la mujer hay que picarle la mano si se mete en la pelea de su marido. Vergüenza te debe dar si eres el dios que tanto tú dices. Yo amo mi vida y respeto a la mujer. ¡Tú no respetas a la mujer! Tú eres un dios machista. Castígame para la eternidad si eres un dios de amor. ¡Castígame! Qué me queme en el infierno por el resto de la vida, (si eres) ese dios de amor´”.

Así exclamó Fernando, un maestro de inglés que considera la Biblia como una falta de respeto para el intelecto humano. Y es que, aunque creció asistiendo a la Iglesia Católica, ni siquiera siendo niño pudo creer las historias del libro sagrado del cristianismo. A su entender, la obra está compuesta de cuentos igual de irreales que Pinocho o Alicia en el país de las maravillas.

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Hambre, muerte y violencia: Cruce ilegal de fronteras

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Imagen recopilada de: Impacto Latin News

Muchos son los relatos, documentales y películas que discuten la emigración ilegal de mexicanos y centroamericanos a Estados Unidos. El tren de mercancías conocido como “la bestia” ha sido objeto de múltiples publicaciones que plasman la ruta triste y peligrosa de quienes se dirigen al norte en búsqueda de una mejor calidad de vida.

Guillermo, mejor conocido como Chungo, fue protagonista de este viaje. En su caso, le dijo adiós a la aldea de Chapagua, en Honduras, para trasladarse al estado de Nueva Jersey. El viaje, según cuenta, fue mucho más que una pesadilla: fue un verdadero infierno.

Hace 30 años, Chungo era un joven pobre, con esposa y dos hijas, que apenas tenía con qué alimentarse. Tomaba agua de río, cazaba iguanas de palo para poder comer y la pobreza le había quitado a su padre, quien murió de una infección en una muela. Llegó el día en que su hermana, que ya residía en Estados Unidos, pagó a un coyote para que lo trasladara hacia el soñado país. Hicieron falta dos mil dólares para coordinar el viaje.

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Cuerpo inmóvil, corazón valiente

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Hasta el 11 de junio del 2002, William disfrutaba sus días entre su negocio de hojalatería y pintura, su casa y su familia. Mantener limpios los alrededores de su hogar y asegurarse de que los carros estuvieran en buenas condiciones era, más que un trabajo, una terapia de entretenimiento. Los fines de semana, paseaba junto a su esposa y sus dos hijas, de cuatro y cinco años, siempre como una familia unida.

El 12 de junio, hubo un giro radical. Como de costumbre, organizó un pasadía familiar en la Playa Manglillo, en Guánica. Al llegar, los más jóvenes no perdieron tiempo y comenzaron a brincar desde los mangles hasta el agua. Mientras tanto, William disfrutaba de la comida y un par de cervezas.

A eso de las 11:30 de la mañana, decide entrar al agua y, por qué no, tirarse de los mangles. Ese primer chapuzón fue lo suficientemente divertido como para intentarlo una vez más. Pero esa segunda ocasión fue la última vez que pudo disfrutar el sentir su cuerpo libre, mientras el sol y el viento lo acariciaban en su camino hacia la inmovilidad.

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“Si ya pasó, pasó”

St. Vincent's Orphan Asylum Freeport
El St. Vincent’s Home for Children fue el orfanato en donde Charlotte pasó su niñez. Imagen de: cardcow.com

“Mi papá me echó en una caja de zapatos para llevarme al hospital a que me cortaran el ombligo. Tuvo que cruzar un río, y me caí dentro del río, pero no me pasó nada”, dijo entre risas. Y así comenzó la vida de Charlotte: el día de brujas de 1960, cayó al río con solo minutos de nacida, como un presagio de que debía prepararse para los tropiezos del futuro. Por suerte, resultó ilesa, como en todos los demás traspiés que ha sufrido a lo largo de su vida.

Transcurrieron cuatro años desde esa peligrosa caída hasta la muerte de su hermano, quien ingirió una planta venenosa cuando tenía tres. Su madre no pudo superar la tragedia, por lo que tuvo que ser internada para recibir tratamiento psiquiátrico. Tiempo después, Charlotte recibía el beso consolador de una monja en la entrada del Saint Vincent Home for Children, en Freeport, Illinois.

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Dos clósets abiertos: Un gay ateo

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Foto: Suministrada

Dice el evangelio de Mateo que ¨si tenéis fe como un grano de mostaza, diréis a este monte: ´Pásate de aquí allá´, y se pasará; y nada os será imposible¨. Los padres de Abimelec, fieles pentecostales, trabajaron arduamente para que su hijo creciera con la convicción de que la fe cristiana movería toda montaña que le presentara la vida. Su propio nombre, que se traduce del hebreo como ¨mi padre es rey¨, le recordaría que al tener a Dios como su aliado, nada le faltaría.

El joven creyó, sin dudas, que su nombre profesaba una verdad irrefutable. Pero llegó el día en que imploró incansablemente al que suponía todopoderoso, y no recibió respuesta. Seguía siendo homosexual. ¨Yo dije: ´Esto es simple. Si Dios tiene el poder de hacer que mi vida sea mejor, y yo, de corazón, se lo estoy pidiendo y él no lo cumple, es una de tres: o que no existe, o que no tiene el poder suficiente, o que simplemente no le interesa. Cualquiera de esos motivos es suficiente para no creer en él¨, reflexionó Abimelec cuando alcanzó sus 21 años.

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Hasta que la muerte los reúna

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Sus radiantes ojos azules reflejan energía e ímpetu. Se imponen como el centro de atención, rodeados de profundas arrugas que trazan senderos, como si tuviese marcados en su piel los recorridos de la vida. Son 93 primaveras transitadas, pero aún procura maquillarse antes de salir a la calle, y elegir el pañuelo que mejor le combine para posarlo en su cabeza, que ya perdió la abundante cabellera que lucía en su juventud.

Esa es Mercedes: una mujer encantadora y apasionada, que disfruta el ayudar a los demás para aceptar de vuelta solamente el cariño. En esta etapa de su vida, ya no consume energías en recordar muchos detalles, pero guarda celosamente en su retentiva las marcas más importantes del camino: la locura de su madre, producto del encierro permanente con el que la maltrató su esposo (padre de Mercedes); su pasión por el merengue y su amor por Manolín, con quien compartió 51 años de matrimonio. En torno a estas vivencias giran siempre sus conversaciones, como si la repetición ayudara a mantenerlas vivas en su memoria.

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