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Sexo y dinero para ocultar el dolor

Drogas, prostitución y lesbianismo en busca de llenar un vacío

En Internet, aún vive la huella de lo que fue Denisse, antes conocida como “la patrona”. Múltiples páginas virtuales de contenido pornográfico muestran imágenes de su cuerpo desnudo, en poses provocativas y explícitas. Intenta olvidar el camino que la condujo a estas acciones, pero aún sufre la vergüenza de quien se arrepiente de proyectarse como objeto. La realidad es que no había aprendido a ser diferente. Desde los 13 años, la trataron como un cuerpo sin esencia.

Al cumplir su década de vida, sus padres se divorciaron, causando un vacío que se llenó con rebeldía. Ver a su madre con otras parejas fue un golpe al corazón que marcó su destino. Al menos, así lo cree ella. Llegó a la casa un hombre que estuvo lejos de ver a Denisse como a una hija. Cuando la niña inició el rumbo hacia la juventud, a eso de los 13 años, su padrastro comenzó a propasarse con miradas, actos y palabras intimidatorias. Pero contarle la verdad a su mamá no era una posibilidad, pues la mujer ponía la palabra de su pareja por encima de todo. Veía a Denisse como un estorbo para su relación y celaba a su marido de la niña, en lugar de hacer lo contrario.

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Dos clósets abiertos: Un gay ateo

abimelec
Foto: Suministrada

Dice el evangelio de Mateo que ¨si tenéis fe como un grano de mostaza, diréis a este monte: ´Pásate de aquí allá´, y se pasará; y nada os será imposible¨. Los padres de Abimelec, fieles pentecostales, trabajaron arduamente para que su hijo creciera con la convicción de que la fe cristiana movería toda montaña que le presentara la vida. Su propio nombre, que se traduce del hebreo como ¨mi padre es rey¨, le recordaría que al tener a Dios como su aliado, nada le faltaría.

El joven creyó, sin dudas, que su nombre profesaba una verdad irrefutable. Pero llegó el día en que imploró incansablemente al que suponía todopoderoso, y no recibió respuesta. Seguía siendo homosexual. ¨Yo dije: ´Esto es simple. Si Dios tiene el poder de hacer que mi vida sea mejor, y yo, de corazón, se lo estoy pidiendo y él no lo cumple, es una de tres: o que no existe, o que no tiene el poder suficiente, o que simplemente no le interesa. Cualquiera de esos motivos es suficiente para no creer en él¨, reflexionó Abimelec cuando alcanzó sus 21 años.

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