»Hay días que me siento mal. Hay días que no hay razón para sentirme mal, y me levanto y me siento deprimido, y pienso mucho en las cosas», reconoce Willie en un acto de valentía al validar sus emociones.

Y es que no siempre es fácil sincerarse sobre los miedos que hemos ocultado toda una vida. Nos hemos acostumbrado a jugar el papel de fuertes e inquebrantables, mientras hay emociones que intentamos guardar en lo más profundo del cajón de los sentimientos. Se necesita de mucha madurez y valentía para, poco a poco, ir limpiando esa caja; para reconocer y aceptar lo que hay en ella.

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